
En la Guerra de la Calamidad cuando el cielo empezó a arder, cuando el mundo vio a los angeles sin alma y sin compasión romper, se alzó un demonio de acero con mirada de amanecer: era el Gundam Marcosias, nacido sólo para vencer. Con cuatro brazos de sombra y colmillos de metal, entraba en medio del fuego como un lobo en el corral. Los angeles, sin alma, sin sentir y sin pensar, aprendieron algo nuevo: lo que era temblar. Porque máquina contra máquina no debería haber temor, pero al ver venir Marcosias se les congelaba el motor. Su maza abría la tierra, sus espadas hacían llorar, y hasta el campo de batalla parecía querer escapar. Uno a uno fueron cayendo Mobile Armors sin perdón, y en sus hollejos sin conciencia se grababa su maldición. Que aunque no tengan corazón ni recuerdos al luchar, el nombre de Marcosias los hacía titubear. Pero toda guerra acaba aunque deje cicatriz, y tras la gran Calamidad Marcosias dejó de rugir. Perdido quedó entre ruinas, sepultado sin señal, dormido bajo los escombros como un demonio inmortal. Pasaron años como sueños y volvió a resucitar, con un nuevo nombre al frente: Hajiroboshi, listo pa’ pelear. El acero cambió de rostro, pero no cambió su verdad, porque el alma de Marcosias nunca dejó de luchar. En la cazeria de urdur volvió al fuego sin dudar ni titubear, y otra vez los Mobile Armors se le atrevieron a enfrentar. Pero igual que en la Calamidad, la historia se repitió, porque al ver a Hajiroboshi el terror los consumió. Con la cruz en sus manos y su escudo de verdad, despedazaba enemigos sin tiempo de suplicar. No buscaba gloria ni canto, no buscaba perdonar, era el juicio del demonio que volvía a despertar. Hoy algunos cuentan en Venus que su espíritu sigue ahí, que el Marcosias y Hajiroboshi son el mismo al deslumbrar. Que los Mobile Armors tiemblan aunque no sepan por qué, pues el miedo queda en los cielos aunque no haya quien lo dé. Y así termina la historia del demonio sin compasión, de el hoja blanca eterno, colmillo, furia y terror. Si preguntas por su historia el viento te va a cantar: que hasta las máquinas sin alma..... aprendieron a temblar.
